En este mundillo, muchas veces se escucha que las chicas lo tienen más sencillo para obtener becas deportivas en Estados Unidos. En esta entrada de nuestro blog vamos a desmontar esta teoría o, al menos, explicar por qué se dice.

En realidad, en 1972 se aprobó una enmienda de educación, cuyo artículo número IX proclama lo siguiente, según la página web oficial de la NCAA:

Ninguna persona en los Estados Unidos, debido a su sexo, será excluida de la participación, recibirá negligentes prestaciones o será discriminada mientras esté matriculada en un programa educativo o actividad que reciba ayuda financiera federal.”

En otras palabras, las instituciones americanas llevan garantizando igualdad de trato más de cuatro décadas. Hay una persona o grupo dentro del staff encargada de controlar minuciosamente que se respeta la ley. Y de perseguir cualquier tipo de incumplimiento. Ejemplo: Baylor University.

¿Qué pasa si mi universidad es privada?

También según la NCAA, las entidades privadas también han de atenerse a lo que se les marca desde Washington D.C.

Title IX es aplicable a toda institución educativa, tanto pública como privada, que reciba financiación federal. Casi todas las universidades privadas deben ceñirse a esta ley porque reciben subsidios federales a través de los programas de apoyo económico usados por los estudiantes.”

Los deportes se consideran programas o actividades educativas, así que la ley de igualdad les afecta en tres niveles básicamente:

  • Participación: Title IX no obliga a las universidades a ofrecer el mismo catálogo deportivo para ambos géneros. Por ejemplo, Washington State tiene equipo de tenis femenino pero no masculino. No obstante, requiere que mujeres y hombres tengan oportunidades equiparables de participar.

  • Becas: Title IX exige que las cantidades en dólares otorgadas en forma de beca deportiva sean directamente proporcionales a la participación de cada género.

  • Otras prestaciones: Title IX demanda igualdad de trato para los estudiantes-deportistas femeninos y masculinos en los siguientes ámbitos:

    • Material y otros suministros
    • Horarios de entrenamiento y competición
    • Calidad en los viajes y cantidad destinada a dietas (meal money)
    • Acceso a tutorías académicas
    • Nivel de entrenadores/as
    • Vestuarios, instalaciones entrenamiento y competición
    • Servicio e instalaciones médicas y de rehabilitación
    • Servicio de comida y alojamiento
    • Publicidad y promoción
    • Servicios de apoyo
    • Reclutamiento

¿Entonces por qué el límite de becas deportivas por equipo de fútbol femenino en División I de la NCAA está en 14, mientras que para los chicos solo se dispone de 9,9? En tenis si cabe la disparidad es aún más flagrante, ya que hay 8 para chicas y solamente 4,5 para chicos?

La clave está en el fútbol americano. La NCAA ingresa globalmente cientos de millones de dólares en derechos televisivos por su deporte rey. El college football es una mina de oro para cada universidad en particular. Por lo tanto, las universidades con más renombre disponen de hasta 85 becas por año destinadas exclusivamente a este deporte, una cantidad desorbitada si tenemos en cuenta que solo 11 jugadores están presentes sobre el césped a la vez.

Al no existir el fútbol americano femenino, esas 85 becas se redistribuyen entre las demás disciplinas deportivas ofertadas para mujeres en la universidad.

Como aquí en el Viejo Continente no abundan los prodigios del fútbol americano, se ha extendido la noción de que es más fácil para las chicas conseguir becas deportivas en Estados Unidos. Es cierto, pero con asterisco, de nombre Title IX, la ley que lleva promulgando la igualdad en Estados Unidos desde 1972.

P.D. Si el fútbol es su deporte, pongan a sus hijos varones a patear balones de fútbol americano. La Universidad de Oregón tiene a dos punters y tres kickers en plantilla. Hagan números.

Texto: Pablo Mosquera Pérez

2017-02-22T20:35:33+00:00